La última secuencia del documental es una de las más importantes del cine español reciente, donde, frente a un televisor que transmite la corononación de Felipe VI, se visualiza la esencia de un país que no cambia.
Obra de Niles Atallah, artista audiovisual con un sugerente universo plástico y estético, que de vez en cuando viene a mi cabeza. Chile a finales de 2006. Santiago de Chile, funerales de Pinochet al fondo, un padre y una hija viven muy humildemente su vida ralentizada, morosa, atascada….
Conocí el proyecto de «El Cosmonauta» gracias al grupo de personas que trabajaban entonces en Tabakalera de Donosti y me pareció fascinante por su audacia en todos sus aspectos. Al poco tiempo conocí a Nicolás Alcalá, con el que compartí un estresante (por mi parte) bocata en un bar de la Parte Vieja de Donosti durante el Festival de Cine. Sorprendido por su juventud e inteligencia, Nicolás te iba «seduciendo» entre mordisco y mordisco al bocata y haciéndote participe de su aventura de rodar una película «tarkovskiana» financiada mediantea micro aportaciones de particulares. Al final del bocata lo que más deseabas era ser productor de la película y formar parte de su aventura. Como contribución a la causa de «El Cosmonauta» al día siguiente le dediqué una columna (cortita) en el Diario Vasco. Después me hice coproductor (Productor número 2883) con un porrón de gente más y cuando me llegó el pin del pajarito lo paseé en mis mejores americanas y camisetas. En otro festival me encontré con Nicolás Alcalá de casualidad en un sofá y me enseñó el trailer y ya me impresionó su estética y factura técnica. Ahora ya sólo queda ver como despega definitivamente. ¡Enhorabuena!